miércoles, 26 de octubre de 2011

Instantáneas: hoy el abuelo



Me acuerdo de la historia de esta foto. Era muy pequeña, y estaba muy enojada. Fue un día de asado (domingo probablemente), y en ese momento, la niña de capelina amarilla y vestidito blanco, trataba de despedirse de mí. Y yo no quería.

Resulta que, yo quería vestir un gorrito así. Y no tenía. Yo también quería vestidito con hermosas cintas y zapatos guillermina. Pero no. Yo estaba vestida de otra manera.

Nótese la boca abierta de mi compañera de escena y yo sin ponerme a su altura, yo sin ceder y con el ceño fruncido. Adentro de esa sencilla camiseta blanca, que inflaba el pechito lleno de enojo. Y a pesar del esfuerzo de mi pequeña enemiga, a pesar de sus piecitos en puntitas de pié y su cabeza inclinada hacía mí, yo no cedí.
Mi rigidez fue documentada y se convertiría en un tosco y estúpido motivo, para no mirar detenidamente esta hermosa fotografía y descartarla como objeto de estudio de mis noches filosofales.

La cuestión es que siempre pasaba por alto una cosa.

Atrás de nosotras, un señor se agarra la garganta y nos observa pensando.
¿Qué pensará?

Ese señor es mi difunto abuelo. Mi abuelo que murió siendo nosotras unas niñas, no mucho más grandes de lo que estamos en esta foto.

Este señor es un misterio para mí. Amado y odiado. Tantas versiones se desdibujan en torno a él, que yo prefiero reconstruirlo como un personaje ficticio. Prefiero recrearlo con mi basta imaginación. Desconozco totalmente el motivo de su muerte, nadie me lo cuenta y yo no lo pregunto.

El abuelo es lo más remoto del mundo. Lo cierto es que murió muy joven y no disfrutó a la mayoría de sus nietos, incluyéndome. Tiene una forma rara de salir en las fotos. Siempre posando. Si no es en una foto carnet, es cocinando o decorando una torta. Pocas instantáneas existen de él en mi poder. Y ninguna en la que salimos juntos.
Con mucha tristeza asumo que nunca me he fotografiado con mi abuelo.

Hasta hoy.
Hoy descubrí algo. Hoy lo descubrí a él. Y por más que suene como una frase cliché, es cierto, como la mayoría de las cosas de la vida: solo tuve que ver más allá de mi enojo.

lunes, 6 de junio de 2011

La gallinita


Un día la gallinita trabajadora había plantado trigo, le pidió al caballo y al gato que la ayuden a cosechar, los dos le dijeron que no porque estaban muy cansados. La gallina y los pollitos a la mañana siguiente estaban muertos de hambre, ya no aguantaban más y se murieron.


Esta es una historia que escribí cuando tenía 10 años... sin comentarios...


lunes, 4 de abril de 2011

lunes, 27 de septiembre de 2010

Mi papá

Es un hombre que usa gorra con visera, siempre de colores oscuros y anteojos de marco negro, como los míos. Es dueño de una energía pocas veces vistas. Ya en sus 55 años se adivina lo que será un autentico viejo cascarrabias.

Es un hombre muy trabajador. Es albañil.

Es dueño de una silueta que se mezcla con Chile y con España. Es hijo de inmigrantes.

Es de Independiente y también de Huracán de Comodoro. A la gente culta le agrada mucho mi papá. Puede opinar de historia y literatura argentina sin ningún tipo de problema. Subyace en él una conciencia de clase: mi papá sabe bien donde está parado.

Y trabaja mucho, hasta los días domingos. Si no es una cosa es otra. Siempre está ocupado. Mi papá ha construido él solo su casa. Todavía no la termina.

Después de trabajar 12 horas, cocina para sus hijos, y ellos siempre le agradecen, después se la pasa en su casa trabajando. Hace las lozas él solo. Pega ladrillo por ladrillo sin piedad. Tiene miedo de no poder llegar. Está apurado por terminar. Mientras la gente descansa y se relaja, mi papá escucha Bob Dylan y se pone a fratachar. El cemento gris se transforma en muchos sueños… sueños multicolores que se van amoldando en las paredes, que él hace, que él fabrica, que su papá también materializó en su casa, que sueña y divierte porque le gusta, porque es lo que dejará para el futuro.

Mi papá le da parte de su vida a las paredes de su casa.

Hombre desinteresado resultó ser. Poco le importa lo que la gente piense de él. Su vida es única.

Atrás de mi casa, papá vive, sueña y crea. Él brilla para nosotros y nosotros brillamos para él.

A veces me gustaría poder haber nacido varón para acompañarlo más y no trabaje tan solo.


Pero no lo soy. Perdoname papá.